cinco mitos que te impiden crecer como escritor.

¿Cuándo la inspiración te abandona, te limitas a esperarla?
¿Te consideras afortunado (o desafortunado) por el acopio de creatividad con que naciste?
¿Querrías ser más creativo pero te resignas con lo que tienes porque, que vamos a hacerle, la creatividad no es algo que pueda aprenderse?
La cultura popular está repleta de mitos sobre el proceso creativo y es muy común creer en ellos. Parecen inocentes, pero son peligrosos.
¿Por qué?
Porqué creer falsedades conduce, inevitablemente, a cometer errores.
Como esperar pasivamente a que llegue la inspiración.
Como conformarse con ser tan creativos como lo somos hoy.
Como poner límites a lo que podemos llegar a crear.
Los mitos sobre la creatividad lastran tu progresión como escritor y deberías tirarlos por la borda cuanto antes.
Afortunadamente, deshacerse de ellos es relativamente fácil: basta con quitar la máscara a los impostores.
¿Vamos?

Mito 1: La creatividad es algo mágico

Este es, sin duda, el mito más común de todos. Es tan común y tan aceptado, que muchos se resisten a dejar de creerlo.
¿Por qué resulta tan atractivo? Porque las ideas tienen la costumbre de aparecer de un modo muy misterioso.
Las ideas surgen a menudo sin previo aviso, sin que hiciéramos nada para invocarlas, sin que comprendamos cómo hemos conseguido llegar hasta ellas.
Es como si algo (o alguien) las hubiera puesto en nuestra cabeza. Y esto es muy raro. Estas cosas no ocurren en el mundo físico: uno no va por la calle y se tropieza con cosas que aparecen así, de golpe, saltándose a la torera la ley de la causa y el efecto.
Misterioso.
Muy misterioso.
Tanto, que los griegos inventaron las musas para explicar el fenómeno.
Tanto, que los románticos, incómodos con una explicación descaradamente sobrenatural, preferían creer en la inspiración y en los genios, esa curiosa estirpe de humanos con fabulosas capacidades de creación.
Es cierto, incluso a día de hoy la ciencia es incapaz de explicar el proceso creativo. ¿Cómo iba a poder si aún no comprende los mecanismos más básicos del funcionamiento de la mente?
Pero aunque no conozcamos la repuesta al misterio (y tal vez no la conozcamos nunca), no deberíamos inventar cuentos para llenar el hueco. Una respuesta en blanco es un incordio, pero una respuesta falsa es un peligro.
Centrémonos, en cambio, en lo que sí sabemos.
Como, por ejemplo, que las nuevas ideas no surgen de la nada, sino de la asociación y combinación de ideas antiguas.
O, como decía Einstein, que “la creatividad es esencialmente un juego combinatorio”.
Dejemos a un lado musas y genios y aprendamos a jugar.

Mito 2: La creatividad es un don

Tu creatividad es como el color de tus ojos: naciste con ella. Y cada cual con la suya. En una escala del cero al cien, a Shakespeare y compañía les tocó un cien, al común de los mortales un veinte y a los contables (con perdón) un rotundo cero.
 
O eso dice el mito.
 
Pero alguien muy creativo es alguien que crea mucho, no alguien con buenas notas en los test de inteligencia.
 
Y si Einstein (y tantos otros) tenían razón y la creatividad es esencialmente un juego de combinación de ideas, la riqueza de tus construcciones dependerá más de tu técnica y de tu trabajo que de cualquier talento innato.
 
Crear es soñar despierto, pero con estrategia.
Y todos podemos hacerlo.
Con una intención parecida, Andy Warhol se preguntaba: “¿Por qué la gente cree que los artistas son especiales? [El suyo] es solo otro trabajo”.
Hay personas con más talento y personas con menos pero, como en el cuento de la liebre y la tortuga, el que gana no es siempre el más rápido.
La creatividad no es un don y creer lo contrario es perjudicial para todos.
Peligroso si te crees creativo, porque puedes dormirte en los laureles.
Catastrófico si crees que no lo eres, porque nunca lo intentarás.

Mito 3: La imaginación es más importante que el conocimiento

El mito dice así: “Acumular conocimiento es acumular ideas antiguas y eso es cosa de las instituciones, de las ratas de biblioteca y de viejos hombres polvorientos. La creatividad, en cambio, consiste en crear ideas nuevas y es cosa de gente joven y rebelde, con una viva voluntad de romper con todo lo antiguo”.
Un bonito cuento. Lástima que sea mentira.
Porque el conocimiento no solo es bueno para la creatividad: es imprescindible.
El conocimiento y la experiencia vital son el punto de partida de todo proceso creativo. Son la materia prima que troceamos y transformamos para construir nuestros escenarios, nuestros personajes, nuestras tramas.
Incluso Mozart, el niño prodigio, la encarnación del mito, del genio creador, tenía esto a decir sobre la importancia del conocimiento: “La gente se equivoca cuando piensa que el arte fluye con facilidad en mí […]. No hay un solo maestro del pasado cuya música yo no haya estudiado una y otra vez”.
Sin conocimiento, la creatividad se muere de hambre.
Abrázalo.
Cuanto más amplio sea, más rica será la materia prima con qué trabajarás y más numerosas las posibilidades.

Mito 4: La creatividad puede aprenderse

Si este mito fuera un hombre sería un cínico incorregible. Esta es su (hipotética) descripción de una lluvia de ideas:
“Una banda de borregos sonrientes cuelgan papelitos de colores en la pared de una sala de reuniones. Los agrupan por temas con la esperanza de que el Dios de los post-it les revele lo que ellos son incapaces de ver. Pero la auténtica creatividad, el auténtico arte, no se aprenden y no pueden alcanzarse con un puñado de trucos. Un truco tal vez te ayude a ir más rápido, pero las ideas que estaban fuera de tu alcance, seguirán estándolo. Si no fuera así significaría que cualquiera, a fuerza de práctica y estudio, puede convertirse en un artista”.
Pero…
¿Y si fuera verdad que a fuerza de práctica y estudio cualquiera puede convertirse en un artista?
¿Y si fuera verdad que el método y la técnica pueden hacernos más creativos?
Arthur VanGundy, un veterano autor del campo de la resolución de problemas, lo planteaba así: “[Las técnicas creativas] no tienen nada de misterioso. Pueden multiplicar y magnificar la capacidad mental de las personas [porqué], desafortunadamente, esta suele estar infravalorada e infrautilizada”.
Creativo es aquel que crea mucho y la técnica, que pone orden al proceso creativo, minimiza el tiempo perdido y ofrece alternativas cuando nos atascamos, nos ayuda a crear más.
La técnica, en la práctica, nos hace más creativos.
Y, maravilla de maravillas, puede aprenderse.

Mito 5: La razón y la creatividad son incompatibles

Cuanto más racional, menos creativo. A fin de cuentas, ¿cómo podrían razón y lógica, con su rigidez formal y su previsibilidad, ser otra cosa que un lastre para la creatividad?
Suena convincente pero basta un poco de experiencia para darse cuenta de que es profundamente falso.
Es cierto que para generar ideas es necesario dejar volar la imaginación y aceptar todo lo que nos venga a la cabeza, por loco que sea.
Pero por fascinante que resulte la figura del creador loco (Salvador Dalí viene inmediatamente a la mente), la parte loca, la parte libre, la parte expansiva del proceso creativo, es solo la mitad de la historia.
Una imaginación libre engendrará multitud de ideas (algunas buenas, la mayoría horribles) y tarde o temprano la razón deberá entrar en escena para separar lo brillante de lo absurdo.
Para el escritor, razón y creatividad son tan compatibles como necesarias.
Necesitamos ser soñadores locos para generar muchas ideas.
Necesitamos ser fríos e implacables jueces para asegurar que solo las mejores encuentran un lugar en nuestra obra.

¿Cómo sacar partido a todo esto?

La creatividad no es mágica.
La creatividad no es un don.
La creatividad puede aprenderse como cualquier otra cosa y, por si fuera poco, el conocimiento (tan aburrido él) y la razón (tan seria ella) son esenciales para el proceso creativo.
¡Menuda visión!
Triste, prosaica y sin brillo.
Deprimente, ¿no crees?
Que las apariencias no te engañen.
Que la creatividad sea algo terrenal es una gran noticia.
Significa que las maravillas del arte no vienen de otro mundo.
Vienen de este. Vienen de ti.
Deshazte de los mitos que te impiden crecer.
Dejar de sufrir por si tienes o no talento.
Estudia. Escribe.
Es todo cuanto necesitas.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

cumple años

Estoy seguro que hace mucho tiempo, hace muchas reencarnaciones; yo me llamaba Adán y seguramente tú te llamabas Eva. Lo sé porque cuando t...