curso de escritura 1



Entremos en materia.



Si eres cómo la mayoría (y, a falta de más información, te voy a incluir con ellos) tu proceso de escritura puede resumirse así:



Se te ocurre una idea.

Ilusionado, empiezas a escribir.

Tropiezas con un problema (el protagonista debe ser una mujer en lugar de un hombre, por ejemplo).

Reescribes lo que ya tenías hecho e incorporas este cambio.

Sigues adelante.

Descubres otro problema (el nudo que has redactado no cuadra con el final que tenías previsto, por ejemplo)

Rediseñas tu nudo, resoplas y reescribes (de nuevo) lo que ya habías redactado.

Sigues adelante.

Tropiezas con más problemas.

Reescribes tu texto una y otra vez.

Perdido en tu propia historia y harto de tapar vías de agua, decides dejar "reposar" tu historia durante un tiempo.

Ese tiempo se alarga indefinidamente.

Tropiezas con una nueva idea y vuelves al punto 1.



Hasta dónde yo sé, solo hay dos tipos de escritores:



Los que dan vueltas a este bucle hasta que se hartan y abandonan la escritura.



Y los que dan vueltas a este bucle hasta que se hartan y buscan un curso de escritura.



Bromas aparte…



Si tu proceso de escritura se parece a este, no te apures.



Al contrario, alégrate. Escribir es difícil, pero no tanto como crees.



En realidad, si alguna vez has conseguido completar una historia decente siguiendo este "proceso" no hay duda de que tienes mucho talento (y de que lo estás desperdiciando de mala manera…).



Así las cosas, ¿qué deberías hacer?



Lo primero es comprender que una buena historia no es algo que puedas empezar por el principio e ir improvisando a medida que avanzas.



Una historia es una construcción compleja. Más compleja aún de lo que parece.



Una historia (y cualquier texto extenso, en realidad) es una catedral hecha de palabras y construirla requiere algo más que un puñado de buenas ideas.




Si empiezas a colocar piedras sin saber siquiera qué tipo de edificio construirás… bueno, no esperes nada positivo.



Pero esto no es lo peor.



Lo peor es que una historia fallida no se hunde con un gran estruendo, como lo haría una catedral, sino de un modo discreto, que puede pasar desapercibido.




Una historia fallida se vuelve confusa y extraña, pero es probable que tu (que no ves la historia que hay en el papel, sino la que tienes en tu cabeza) no te des cuenta de que está en ruinas hasta que la des a leer a amigos y conocidos y compruebes que no le gusta a nadie.



Pero las cosas no tienen por qué ser así.



El propósito central de este curso es explicarte como escribir de una forma más razonable.



Y no temas, el método de escritura que aprenderás no implica, para nada, abandonar la libertad creativa que tanto amas.




Escribir con método no significa escribir con corsé, sino escribir con inteligencia.



Escribir con método evitará que te pierdas, te liberará de la parte más tediosa de la escritura y te dará más libertad (y no menos) para jugar con las palabras y sacar partido a tu creatividad.




Escribir sin método, por el contrario, es complicarse la vida y traicionar a tu talento y a tu destino.




Una vez conozcas esta nueva forma de escribir y hayas experimentado con ella, dejará de parecerte un "método" y se convertirá en tu forma natural de trabajar.



De hecho, es posible que, con los años, la hubieras descubierto por tu cuenta.



Pero, ¿para qué esperar?



Los principios en que se basa el método que voy a contarte son simples y son solo tres:

Diseñar primero, redactar después (o lo que es lo mismo, diseñar los planos de tu texto antes de empezar a colocar piedras)

Escritura en copo de nieve (o lo que es lo mismo, empezar levantando la estructura y dejar el detalle y la decoración para el final)

Crítica continua (o lo que es lo mismo, no esperar a tener tu obra terminada para pedir crítica).

Ideas simples, pero extremadamente eficaces.




Aunque difíciles de poner en práctica sin ayuda…




Durante los próximos días te mostraré cómo hacerlo.













por ultimo te dejo una historia, disfrútala.






El Rafael sin manos: una idea antigua con implicaciones intemporales


El 6 de abril de 1520, a la edad de 37 años, Rafael Sanzio —el que fuera, junto con Leonardo y Miguel Ángel, uno de los tres grandes revolucionarios de la pintura renacentista— murió.

Tal era la admiración que despertaba su figura que Pietro Bembo, un poeta contemporáneo del pintor, escribió en su tumba este epitafio:

“Aquí yace Rafael, por quién la naturaleza temió ser conquistada mientras vivía y que, mientras moría, temió también morir.”

Dos cientos cincuenta años más tarde, el 7 de marzo de 1772, cuando se estrenó Emilia Galotti (una obra de teatro de G.E. Lessing) el aura de genialidad que rodeaba a Rafael seguía plenamente viva.

En dicha obra, uno de los personajes (un talentoso pintor llamado Conti) utiliza la figura de Rafael para plantear al príncipe una pregunta de apariencia inocente pero de implicaciones profundas:

“¿O tal vez crees, Príncipe, que Rafael no hubiera sido el genio artístico más grande si hubiera tenido la desgracia de nacer sin manos?”

Dicho de otro modo, ¿bastaría con tener la mente de Rafael para, aun sin tener manos, ser el genio que él fue?

O, para ir un poco más lejos aún, ¿puede que haya existido un “Rafael sin manos”?

¿Alguien con la mente de Rafael pero que, privado de los medios para comunicar las joyas de su imaginación, haya pasado por el mundo totalmente desapercibido?

Una idea turbadora.

Un genio encerrado en sí mismo.

Anónimo e ignorado.

Aunque, por supuesto, todo esto es pura especulación… ¿Por qué debería importarte?

Porque hay otra forma de verlo.

Una forma que seguramente no sospechas y que pocos sospechaban hasta que Friedrich Nietzsche, especialista en perspectivas inusitadas, escribió, en ‘Más allá del bien y del mal’, esta simple reflexión:

“¿Podría ser que “el Rafael sin manos” (tomando la expresión en su sentido más amplio) no fuera la excepción sino la norma?
Tal vez el genio no es algo tan raro: tal vez lo raro son las quinientas manos que hacen falta para capturar [las grandes ideas]'”.

Tal vez los Rafaeles sin manos están por todas partes.

Tal vez las buenas ideas están por todas partes.

Tal vez lo que escasea son los medios, el oficio, las manos para dar forma a las ideas y traerlas al mundo.
¿Y si tú eres un Rafael sin manos?



¿Te incomoda esta idea?

¿Crees que planteártela demostraría una falta de humildad (y de realismo) alarmantes?

Entonces deja que lo diga yo por ti: tú eres un Rafael sin manos.

Tal vez no un talento de la altura de Rafael, pero sí “un gran artista” sin manos.

Y no lo digo por decir. Estoy casi seguro de que es así.

¿Por qué?

Porque estás leyendo esto.

Y si estás leyendo esto es porque en algún momento has tenido alguna idea que te ha emocionado profundamente, alguna idea que has creído lo suficientemente valiosa para compartirla con los demás.

Y si una idea pudo emocionarte a ti, seguro que puede emocionar a otros.

Tus ideas son buenas, lo que necesitas son las 500 habilidades que hacen falta para capturarlas con palabras.

Tus ideas son buenas, lo que necesitas son las manos que aún no tienes.

Tus ideas son buenas, lo que necesitas es aprender a escribir.

La cuestión no es si tienes o no talento.

La cuestión es si tienes el coraje y la motivación necesarios para trabajar duro, durante años, y aprender todo lo que necesitas aprender.

El otro camino, el que seguramente estás siguiendo ahora (el camino de la prudencia, el de apostar solo a medias, el de escribir a ratos perdidos), no te llevará a ningún lado. Escribir es demasiado difícil para que pueda funcionar.

Solo aprenderás lo que necesitas aprender si dedicas a la escritura lo mejor de ti.

La cuestión no es si tienes o no talento. La cuestión es si tus ideas te importan lo suficiente para apostar de verdad por ellas.

Este no es lugar para indecisos.

Este no es lugar para cobardes.

La cuestión es si apuestas o no.

¿Sientes esa pequeña angustia en el centro del pecho?

¿Qué te dice?



gracias, nos vemos en las letras


1 comentario:

  1. Me ha servido de mucho y tengo el coraje de apostar por mis ideas, gracias por compartir el conocimiento. Que comience el juego!

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